sábado, 20 de marzo de 2010

Renunciar

Dejar que el agua corra. Así como la canción, como todo debería ser siempre. Así de simple y tan jodidamente bonito.

La verdad es que no llego nunca a nada de esta manera, revisando papeles, botando ropa; reorganizando la misma basura siempre. Y es que tampoco es tan fácil.
Es dar vuelta los ojos hacia adentro. Esta es la forma correcta:
Ojos cerrados, estomago hecho un nudo, los puños apretados y la cabeza gacha. Bajar el pulso, respirar más lento. Divagar. Caminar lento por los años pasados, mirarlo todo: tocarlo todo.
Es llenarse de olores suavecitos. Olores conocidos desde siempre, desde el útero.
Es acordarse de los colores. De las formas que están llenas de polvo pero que existen debajo de toda esa pila de fotos de revista fome. Esas caras que son tan recientes, pero que no dicen nada. Acordarse de las formas básicas, las más lindas.
Después, más abajo, en el sexo, empezar a cambiar un poquito. Olvidar otro tanto. Revolverlo todo, nuevo o viejo o usado, revolverlo y ahí, ahí aguantarlo. Retener. Absorber.

En ese punto ya estoy denuevo en el baño, mirando como lloro frente al espejo. Compadeciéndome a mi misma. Vomitando otra vez. La última vez.
Y allí es donde empieza todo. Todo denuevo.

1. Cerrar los ojos, apretar la guata, apretar los puños.
2.Desacelerar el pulso.
3. Dejar de respirar.

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