Lo mas difícil es ir derecho y con paso firme, sin arrastrar la cabeza y con los ojos abiertos y sonrientes. Cuesta ser feliz, al fin y al cabo.
A veces siento que me duele todo. Siento que deje de mirar la palma de mi mano en el preciso instante en el que dejo de respirar y pestañeo eternamente mientras me pierdo en un sinfín de olores podridos que me llevan profundo, bajo la tierra húmeda que todavía gime; que todavía me quiere.
Extraño la suave comodidad de la leche, el sabor de los pezones en mis dientes. El calor de la carne de su espalda tocando suavemente mi boca. Quiero oír nuevamente su canto limpio huracán volcado. Quiero que me tome en sus hombros y de un solo salto volvamos al centro liquido del cual venimos.
Quiero la vida; y su posibilidad de existir eternamente.
Siempre lo mas doloroso es cuando los ojos lloran secos. Cuando el aire que entra ya no es pesado y no contiene color alguno. El mundo se vuelve un retrato sepia que estará guardado por generaciones esperando gritar su nombre nuevamente. Mostrar su historia.
Quiero que mis órganos fallen dulcemente: mi corazón, mi estomago, mis pulmones. Que escupan todo lo que llevo dentro en una sinfonía triste y sin ritmo. Una muerte lenta que este de acuerdo con el paisaje que desde el primer llanto conozco.
Quiero volver a la leche tibia, al liquido amniótico y a la placenta previa que hizo que este olor quedara impregnado para siempre en mi mano izquierda. Quiero nuevamente nadar dentro de la mujer que me engendro y me dio la vida, sudando como caballo y gritando que me ama.
Lo mas doloroso del camino es que ya no sabes que existe, ni que existe nada mas fuera de él.
Es el eterno sabor que deja en los pies lo que me hace recordarlo.