martes, 15 de julio de 2008

La almohada de viento

Antes escribíamos cartas como revelaciones del espacio. Mirábamos las estrellas y el cielo Contaminado mientras dormíamos o hacíamos el amor, nos susurrábamos palabras dementes y agónicas en el fin del día que no era día. Nunca nos saludábamos con los ojos abiertos.

Mirar como las palabras dibujan tu silueta entre las sombras del cuarto. Las voces que se mezclan, que se funden con tu aliento y que me cantan al oído porque eres feliz. Porque duermes. Porque nos me perdonas mientras comes pasto como un vaco y me das besos con tu sonrisa que te cubre los ojos. Me cantas en la boca y tus ojos desaparecen entre los ecos que no te dejan tranquilo y que se esconden bajo tu piel, esperando a que bajes la guardia.

Si tu voz se apaga, si tus cuerdas se quiebran, quedas solo. Somos globos que nunca se juntan, solo chocan mientras vuelan.
Vuelan lejos
Se pierden
Se olvidan
Y se niegan

Antes no hablábamos en clave, porque nos mirábamos a los ojos para decirnos porquerías (como para decirme que mis pies tenían hongos o que canto mal)