sábado, 26 de junio de 2010

Sid

Yo sentía como si en verdad el cielo estuviera muy lejos, quiero decir, realmente lo sabía. Pensaba que estaba todo claro y que no quedaba más que sellar el pacto y luego salir a caminar por la arena, o dejar que el agua de lluvia nos mojara el pelo y los pies como debiera ser siempre.
Yo sentía que el día había acabado conmigo y con mis ojos, y que la noche llegaría densa y fría para calmarme, para hacerme notar que existía otro cuerpo pegado a mi, que me tenía cogidos los brazos y acariciaba mi vientre.

La noche no llegó, y ese día llovió más que nunca, pero nos dedicamos a tapar las goteras de la casa y no pudimos seguir riendo porque la casa ya no fue más. Ahora viviríamos en el mar, como yo quería.
Cuando nos cansamos de nadar me tomaste de la mano y fuimos a dormir.

Sigo pensando que el infinito no es tal y que sin embargo no sé donde termina. Sigo pensando que existe un rincón polvoriento lejos de acá donde nos quedaremos sentados frente a frente, mirándonos a los ojos, y ahí es donde acaba todo.
Siento como besas mi cuello, como besas mi espalda. Te siento en mi nuca y en mi vientre otra vez. Y sigues avanzando hasta llegar donde se corta el aliento.

Y tu corazón de chico malo que late tan fuerte, amor.

Todos los días cuando abro los ojos siento como me abrazas.
Todos los días cuando voy a dormir tomas mis manos.
Todos los días cuando me enojo duermes en mi pecho.
Todos los días cuando me miras siento mi cuerpo.

El miedo que aparece cuando estamos así de cerca ya es parte nuestra.

Hace años que nos convertimos nuestra respiración en una.
Hace años que cuento tus lunares en la penumbra.
Hace años que duermo cada noche en tus ojos.
Hace años que te regalé mis historias.

(Seguiré esperando a que tu respiración se vuelva normal)

Podríamos quedarnos así para siempre.

viernes, 18 de junio de 2010

De las razones que no me dejan despertar

No sé como empezar. No entiendo esto de cantar canciones sin nadie que escuche, no sé como hacer para que lo que quiero decir tenga musicalidad y no se olvide jamás de los jamases.

No puedo hacer algo que perdure. No entiendo la lógica del tiempo.

Un dedo tiene más años que mi perro, y mi perro no sabe cuantos años ha perdido sin poder hablar. Ni cuanto lleva sin mirar al gato, de pura envidia porque él duerme en mi cama. No entiende que sus patas son cortas y sus movimientos torpes. No sabe (nunca jamás de los jamases) que su porte no es digno de contarse. No es digno de la historia.

Él no tiene años. Él no existe.

Quiero encontrar palabras que hagan sentido con mi cara. Porque es lo que más me importa que entiendan, que mi cara se modifica, se transforma sutilmente cuando digo que no sé mi edad. Que tampoco quiero saberla ni quiero entender los misterios ni la forma misteriosa en que actúa el tiempo ni sus trucos para engañarme y hacerme sentir que no camino si no que atravieso las paredes y floto por los aires de un mundo que quizá yo construí.

Pero no tengo tanta imaginación. Ni mi gato ni mi perro quieren contarme como hacen para no marearse con la inmensidad de esta duda que no es tal. Esta duda que sin embargo desayuno cada día.
Y aun así yo me preocupo de qué color se ve mejor y de que quiero para cenar y simplemente me hago la sorda hasta que lo logro y desaparecen (junto conmigo misma) las palabras que masticaba durante el sueño.
Pero es cuando recuerdo esos sueños que mi guata se vuelve un nudo y mi pie derecho no funciona y simplemente quiero volver a dormir y volver a olvidar otra vez que era lo que estaba pensando-soñando antes de recordarlo.

No sé que es lo que no me deja comer en las mañanas.
Es el peso de los años.
Los misterios del tiempo.
Una tripa rota.
En volá, tuve un mal sueño.
Una pesadilla donde
Después de una mala noche
Pensaba que yo no tenía años
Y que cuando despertaba
Mi perro me contaba
Que lleva meses
O años
Que no se acuerda cuanto
Sin hablar con mi gato
Y después de todo eso
No entiendo
Si es que ha pasado un mes
O es que estoy muriendo
Desde que las nubes formaron letras
En el cielo.

jueves, 10 de junio de 2010

10 y vientinueve

Qué pasa cuando cierra los ojos. Qué colores se ven con los ojos apretados. Qué se siente.

Son dos minutos de sobra y dos minutos que correr cada día. Un paso siempre está de más, pero siempre hay algo que falta. Siempre hay algo que no dura lo suficiente. O que tarda demasiado.

Dentro del mismo cuadro, la misma cesta, tres colores distintos. Tres colores sin grupo, o tres primarios. Déjalo así, mujer. Que no se puede estar boca abajo cuando te hablan.

Abre los ojos. Todo es claro. Estás sentada rígida bajo la luz de un foco. Y empiezan las preguntas, primero uno; abres la boca y no escupes nada.

¿Dónde quedaron tus manos? ¿Dónde tu boca?
Róbale un beso al paco y después corre.

Sigue caminando rápido y cruza con luz roja. Sigue durmiendo de día, comiendo en un parque y gritándole al tráfico.

Tú no quieres vivir. Tú regalaste tu vida.

¡Puta, que eres huevona!