Yo sentía que el día había acabado conmigo y con mis ojos, y que la noche llegaría densa y fría para calmarme, para hacerme notar que existía otro cuerpo pegado a mi, que me tenía cogidos los brazos y acariciaba mi vientre.
La noche no llegó, y ese día llovió más que nunca, pero nos dedicamos a tapar las goteras de la casa y no pudimos seguir riendo porque la casa ya no fue más. Ahora viviríamos en el mar, como yo quería.
Cuando nos cansamos de nadar me tomaste de la mano y fuimos a dormir.
Sigo pensando que el infinito no es tal y que sin embargo no sé donde termina. Sigo pensando que existe un rincón polvoriento lejos de acá donde nos quedaremos sentados frente a frente, mirándonos a los ojos, y ahí es donde acaba todo.
Siento como besas mi cuello, como besas mi espalda. Te siento en mi nuca y en mi vientre otra vez. Y sigues avanzando hasta llegar donde se corta el aliento.
Y tu corazón de chico malo que late tan fuerte, amor.
Todos los días cuando abro los ojos siento como me abrazas.
Todos los días cuando voy a dormir tomas mis manos.
Todos los días cuando me enojo duermes en mi pecho.
Todos los días cuando me miras siento mi cuerpo.
El miedo que aparece cuando estamos así de cerca ya es parte nuestra.
Hace años que nos convertimos nuestra respiración en una.
Hace años que cuento tus lunares en la penumbra.
Hace años que duermo cada noche en tus ojos.
Hace años que te regalé mis historias.
(Seguiré esperando a que tu respiración se vuelva normal)
Podríamos quedarnos así para siempre.