lunes, 30 de agosto de 2010

Amanece

Hace ya un tiempo que no lloro.
Y tengo ganas. El otro día lo abrazé muy fuerte, dejé caer mi cabeza en su pecho, el olor se su cuello me llenaba la guata. Lo abrazaba fuerte y el besaba mi frente. Pero las lágrimas quedaron ahí, se atascaron en mi garganta y lo único que logre fue lastimarla aún más y ahora no puedo tampoco cantar.
El norte frío llega pronto. Los plazos se acercan y pasan. Ya quedan más palabras en el aire.
Los vientos borran los colores y los olores de la vida.
Me hundo lentamente en el sabroso olvido. Lo veo y lo dejo pasar.


sábado, 14 de agosto de 2010

The anchor song


vivo cerca del océano
y durante la noche
buceo en él
hasta el fondo
por debajo de todas las corrientes
y suelto mi ancla
aquí es donde me quedaré
éste es mi hogar

viernes, 13 de agosto de 2010

Ay madre! ¿Por qué no estás siempre como en vacaciones? ¿Por qué nos parecemos tanto, vieja?

miércoles, 11 de agosto de 2010

Los ojos se me dan vuelta

Es como una espinita en lo profundo de mi cuerpo. Ahí donde se pierde el océano de mi alma y comienza a caer en cascada infinita llena de dragones marinos. Ahí donde termina mi espalda. Ahí donde tú sabes que existe un mundo.
Tú tienes un mapa. Me mides por kilómetros y marcas con un lápiz los lunares. ¿Te acuerdas de esa noche, cierto? Nunca te dije cuanto te amé esa noche. Sentí el infinito en mi boca.
Pero parece que fue suficiente para terminar el mapa. O tal vez tu espíritu de aventurero ya busca por nuevas tierras. A fin de cuentas, el desierto de mi espalda es solo eso: desierto.
Así es como empieza el ocaso. Primero la respiración se hace más lenta y después se van también los colores de la vida. Mi piel que es musgo se seca. Y tú debes irte pronto.
Así es como empiezas a amarme en la oscuridad, donde ya no veo tu cara. Antes encendíamos la luz y ahora nos dibujamos un solo ojo sobre las narices iguales. Que divertido era inventarte sobre nombres. Que lindo como nos descubrimos las caras.
Tus veintitrés lunares. El mio que es invisible.
Tu olor tras las orejas. Tu cama en mi cuello.
Las manos frías. Los pies con tres calcetines.
El gusto por dormir juntos.
Lo lindo de la ciudad en domingo.
Mi parque forestal. Tu Valparaiso.
Mi pelo largo. Tu casa antigua.
Mi voz. Tus ojos.
Nuestros lugares comunes.
Nuestros guiones.
Los miles de planes inconclusos.
Nuestra kasa okupa.
Todo lo que querías conmigo.
Todo lo que quiero contigo.

¿No has notado que el nudo de nuestras guatas está en peligro de extinción?
Así como los animales bonitos. Así como tú.

¿No preferirías una muerte trágica en la que quedarán los viajes pendientes? En vez de está muerte lentísima en la que estamos enredados, donde solo existirá nostalgia.

Así comienza a amanecer. Tú dices que empieza recién el día.
Y lo primero que veo son tus ojos. Y lo primero que siento son tus brazos y tu cuerpo.
Pero ya mi cuerpo no es mio.
Y tú sí te ves entero. Porque me miras suavecito, y me besas suavecito, y hasta me abrazas suavecito.
Y yo lo que quiero es que tomes mis caderas y las vuelvas tuyas. Y también quiero que me hieras el cuello a besos, y que mi espalda sea en realidad tuya. Quiero que me robes el aliento cuando te muerdo.
Que me digas que no te odie.
Que peleemos hasta matarnos.
Que dormir juntos sea el mejor panorama.
Que las distancias nos den risa.
Que el tiempo se vaya a la mierda.
Que quieras verme todo el día y no te aburras.

Quiero, más que a nada, a ti.
Que me mires y me enamores otra vez. Porque ya no me la creo.

A mi me gusta estar enamorada de ti.
Me gusta decirte cuanto te amo.
Me gusta decirte que vivamos juntos, que juguemos con el tiempo.
Me gusta verte todos los días y extrañarte igual.
Me gusta que sonrías cuando te beso mi lunar.
Y me gusta que sonrías cuando te canto.


¿Y a ti?