sábado, 25 de abril de 2009

Yesterday es ayer. Como una canción que suena suave atrás de mi cabeza. Ayer.
Como empezar a decir que terminó. Hay que desprenderse de todo, quitarse la ropa pieza por pieza y dejarla ahí, tirada y olvidarla. Es como sacarse la piel, pedazo a pedazo lentamente sin querer hacerlo: duele.
Duele porque es carne viva, y llora. Esta llena de olores y sabores, y permanece en el aire, es un resfrío. Y se hace todo peor y mas lento cada vez.
Ya no se cuando termina y tampoco tengo ganas de ver el final, la gente se acostumbra a la rutina, es algo ya dicho. Tampoco me importa, porque es lo único puramente mio, el resto es tiempo pasado, regalado, vendido o pisado. Ya no soy más.
No me interesa terminar de caminar, seguir es nada comparado a terminar el viaje a ninguna parte.
Se edita y se queda para siempre, como las malas revistas. Que asco ver mi día así: Sola.
Ya me conformo solo con el frío, pero te quiero, a ti y a nadie. A tu imagen, es mejor de lo que eres, mi mente te ama. Yo no sé. Yo ya no sé nada, nada de nada
.
Dejémoslo para mañana.

viernes, 24 de abril de 2009

Fragmentos del día a día (Parte I).

-Tienes que aceptarlo- Los ojos de su madre se veían más oscuros de lo que eran en realidad, era rabia.
-Si fuera tan fácil no estarías hablándome- El asqueroso sabor del tabaco mezclado con el aire de la noche eran lo único que conseguía calmarla en esos momentos, esos momentos que su Cristina le hablaba con los ojos negros.
La boca de su madre se torció, formando una grotesca muestra de desagrado-Te trato de ayudar- Sonaron secas. Las palabras no rebotaron en la pared y desaparecieron: no tenían importancia. A continuación, una mancha abultada se levanto de la silla y cruzó el patio embarrando el camino a la casa. La luz que se filtraba desde la cocina dejo entrever el perfil de la mujer, tan seguro y altanero; franco por sobre todo; y frío como una roca. Caminaba con elegancia y sus manos, siempre arregladas, sostenían algo blanco. El papel.
-¿Que haces con eso, madre?- Su voz sonó forzada y deseó que no lo notara.
-Ya sabes lo que es, no hagas preguntas tontas porque no te quedan- La voz firme se reflejó en el eterno perfil inmutable.- Y no me digas madre, sabes bien que no lo soy- El sonido de la madera quebró por un instante la tranquilidad de la noche.
-Sé que no lo eres, vieja bruja, no lo niegues más. ¡Mierda!- Un vidrio en su mano la alejó de las divagaciones para llevarla por camino conocido al día que lo supo.
Había estado frío, como toda la semana y como nunca en esa fecha. La ropa mojada se congelaba, por lo que su jornada empezaba más temprano. Luego iría al colegio.
Nunca entendió por qué esa mujer no sonreía; tampoco le importo mucho nunca, pero esa mañana era claramente una sonrisa la mueca que se asomaba en su cara desfigurada por la edad, una enfermedad, o anda a saber tu que brujería.