miércoles, 28 de enero de 2009

Siempre es así. En un tiempo así, exactamente como ahora. Cuando no me siento dueña de mi lengua ni de mis manos, mucho menos de algo que escapa de mis pertenencias biológicas, anatómicas. Cuando el el tiempo se confunde con calor y agua, y se pierde entre mil días y ninguna noche.
Siempre es igual a hoy. A este ahora que termina siendo un "para siempre".
Es algo inconcluso, infinito. Retórico.
Faltan adjetivos para un solo nombre. Tal vez dos.
Cuando se acabe el momento de manos ágiles y lengua suelta, iré a dormir. Después comenzaré a vivir días comunes, en lugares comunes y con una sensación extraña. Un sabor extraño que convierte todo en una eterna maravilla, un color eterno y sin degradé. Simple; adorable.

Y el día se vuelve monótono. Y termino entre teclas y café intentado apaciguar el sueño que consume el sentimiento. El sueño que repara mi talento, momento vivos en los cuales mis dedos se deslizan ágiles y sin pensarlo en cada letra plástica que forma todo lo que sentiré durante mi vida de una manera tan única y primeriza, que jamás entenderé más que ahora, más que en este instante que mi sentimiento es uno y todo, solo para un nombre.

Luego el sueño reparador.
Se acaba.

Momentos muertos para pasar lo amargo del café (O lo frío de la tarde).
Momentos muertos por cada boca tan dulce.
Momentos muertos por cada palabra suelta.
Momento muertos por cada vez que recordé su nombre.
Son momentos exactamente como ahora en los que observo lo largo de mi vida. Solo pequeños atisbos de lucidez me permiten comprender el día a día ajetreado del cual me retire hace mucho, o tal vez unos poco años.
El tiempo no tiene medida luego de la vida.
El tiempo es uno y eterno.
Es uno y va tan rápido como quieras que lleguen a verte.

Tengo conciencia de mis dedos, lengua y ojos tan solo ahora. En momentos como ahora y como nunca mas.

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