miércoles, 9 de noviembre de 2011

Tengo la cabeza perdida

Hay una cosa media turbulenta bajo mi piel, como a la altura del pecho, las primeras costillas, por ahí, que no me deja pensar tranquila. Tampoco es que quiera pensar en este mismo instante, pero esta turbulencia apretada no me deja volar tampoco. Me tiene prisionera un sentimiento del que no soy responsable ni pienso serlo. No tengo ganas de ponerme a llorar ni mucho menos tengo ganas de sentirme mal.
Estoy a punto de nacer, las terminaciones nerviosas aún no son, y el corazón es muy grande pa tan poca vida, a veces. No quiero cargar pesos antes de siquiera saber caminar, porque esa cosa no tiene ningún sentido ¿se comprende?
Tampoco tiene sentido saltar por la ventana, ni evitar las conversaciones obligadas, ni dibujar pajarillos en rayas amarillas porque así lo veo. No tiene sentido esperar eternamente algo que es más ligero que el aire, más efímero que el aire. No tiene sentido esperar que los pájaros vengan a comer de mi mano y, más encima, vuelen lejos cuando a mi me de la gana. No, eso no existe y habría que dejar de pensar que si.
Puras mentiras.
Tampoco quiero escuchar gritar.
Los sonidos son como colores, dentro de los ojos bien cerrados, mutan y transmutan como el gua o como el fuego o como los sueños, que son puro ruido mental. Así que mi mente se pinta con rayas de colores que entran fuerte, violentamente, agresivas y me hacen perder la razón (Otras veces los sonidos son los de los pájaros cantando y yo dibujo rayas amarillas en el dibujo que es un útero, el de mi nacimiento).
Puros pájaros. Hoy me di cuenta que mi vientre le pertenece a dos pájaros que vuelan lejos y que no escuchan cuando grito. Estos pájaros que cantan a veces no tienen idea de que en la tierra, en el mar también, a nosotros nos cuestan las cuerdas vocales y el sueño intentar tenerlos acá, con nosotros (o que nos enseñen a volar).
Y es verdad. No podría serlo más. Las cosas, los días, se deshacen en las manos y avanzo lento pero con el corazón palpitando tan fuerte que forma terremotos y huracanes, pero es lento como camino para que no siga desapareciendo la huella, el camino que se veía tan clarito desde un poco más atrás, pero en verdad no hay nada que mis manos puedan hacer. Estoy frita.
Y es aquí donde parte todo, como una voltereta hacia atrás el tema de la turbulencia interna a la altura del pecho por culpa de los escapistas gatos y de los escapistas hermanos y del pájaro amarillo y del pájaro verde. Así están las cosas (mufasa no se queda atrás tampoco, señores, acá el matriarcado por muy bien instalado que parezca, a veces flaquea y ahí está él, con su melena peinadita, listo para correr a mi) por acá, sigo esperando ver la luz el día del parto. Sigo soñando con que las branquias se van a quedar conmigo y sigo esperando.
Esperar y disfrutar. A pesar de la turbulencia. Qué otra!

sábado, 17 de septiembre de 2011

Pájaro que no canta

Por primera vez en mucho tiempo siento la necesidad de sacar la mierda de dentro.
Porque es eso, antes no, ahora se está pudriendo un cariño mezclado de pastos y chocolates. Se está pudriendo porque ya no le importa, ya que se queda la tierra ahí, en la tierra, no le importa. Ya que se muere, poquito a poco, la vida que iba en la garganta, lo que podría haber sido pero no fue.
Y vamos otra vez dándole la vuelta al mundo saltando en una pata, porque ni eso me dejaste, ni un pañuelo pa bailar.
Vamos sacando lento la fruta que quedó en el cajón desde el año pasado y por los siglos de los siglos, porque tarde me vine a dar cuenta que nunca importó mucho. Tarde me vine a dar cuenta que por mucho que yo escriba y me gaste en palabras e ideas gueonas y sueños peores, siempre hay uno que me recibe con el pecho abierto y los ojos cerrados, como haciendo un amago de quererme, como haciendo una burla de que lo amo, porque no puede ser más que una burla si apenas lo busco desesperada entre recuerdos y sonrisas encontradas en el pasillo de una casa vieja, me da la espalda y se ríe. Ya no puedo con las risas bajas. No puedo más dejarme caer en cuerpos que no me quieren más que en el romanticismo del momento, pero llegada la bifurcación de los caminos se van volando lejos y entregando cuerpos y amores míos a los cielos y a quizás donde.
Por eso voy de a poco queriendo limpiarme, y me cuesta porque es otra vez el mismo proceso que después haré en reversa. Porque si de algo estoy segura es que mi cuerpo está buscando un lugar donde acomodarse y ponerse a dormir. Y resulta también que cada vez puedo menos porque la voz se me rompe y mi cuerpo no fue nunca tan lindo, y además los buitres se comen poquito a poco la sonrisa que yo tenía.
Y así llega sin saberlo la primera vez que mi cuerpo se cansa y se enoja y quiere escupir el amor muy lejos. Porque se aburrió de poetas jipis, de llorones a sueldo, de drogadictos invisibles, de muertos que no existen y de pájaros que no cantan.

lunes, 30 de mayo de 2011

No olvidarse de recordar lo verdaderamente importante

La cosa es más o menos así. Un niño recién ha terminado de aprender a hablar y ya está teniendo que aprender a ver el mundo como se lo enseña. Las cosas son porque sí y punto.

Vamos aprendiendo los colores y los números como si fueran cosas que existen. Vamos viendo como es que los pajaritos vuelan mientras nosotros caminamos. Vamos pensando que no hay formas imposibles.

Vamos creciendo y dele que dele con decirnos que la tierra es redonda (¡y pobrecito el que diga lo contrario! Que hay diferentes hogueras, señores)

Las personas no naces de células que se juntan y se dividen, las personas nacen de mis tripas cuando yo me siento triste y me pongo a escribir. De ahí nacen gentes.

De mis huesos los colores y los números, y eso es lo real.

Si una niña sin edad y de piel blanca aparece detrás de una reja de metal que contiene el límite entre lo real y lo más real, es algo completamente normal y comprensible (mi cerebro está un poco chamuscado por las mismas, la comprensión del espacio cambia).

El cuento es este:

Hay una niña sin edad y sin nombre pero de piel muy blanca y ojos muy grandes mirando a través de una reja de hierro forjado que es viejísima y que separa un parque de grandes árboles de la calle.

Podemos decir del primer párrafo que la niña está en un límite.

La niña observa, con ojos grandes y sin asombro, los diferentes cuadros y escenas que ocurren en la transitada calle. Escucha poco, más que nada murmullos y bocinas. Podemos imaginar que es un escenario que ya conoce, quizás incluso que ella no es público común, si no que tal vez se halle tras bambalinas.

Ahora empezamos a reflexionar, a darle una vuelta al asunto de lo real y por ahí vamos en buen camino a la reflexión final sobre la libertad.

Lo que pasa es que la niña es aún más cercana al escenario, porque además de estar tras bambalinas es la directora, aunque solo por 15 minutos dos veces al día, de esta calle y lo que aquí ocurre.

Quien vaya entendiendo comprenderá que un director o directora de teatro son dueños de la realidad que crean, son dioses estos tipos (he ahí los egos).

Vamos con lo de la libertad ahora.

Si es que a nosotros desde siempre, chiquitos, no enseñan que es lo real obviamente no somos libres. No lo somos porque no nos dejan elegir y ya, punto.

Entonces la niña que es directora de la calle es un Dios y además es libre porque ella elige la realidad de su calle.

Pero lo importante es que es libre tras unos barrotes de hierro forjado, pues si ella pudiera preguntar a sus actores algo, cualquier cosa, ellos, sin quererlo siquiera, coartarían su libertad.

-El corazón de una pendeja late muy rápido y muy fuerte, tan fuerte que nadie en la ciudad duerme por su culpa. Al final la niña se convierte en pájaro y es libre.

-Pero el cuento es al revés.

Porque existe un lugar en la placenta donde los sueños tienen plumas y escamas y a veces no hay ni sueños ni plumas ni escamas. A veces ni hay placenta en ese lugar del cuerpo donde hay un hueco que deja pasar la luz que viene de un sol que alumbra muchos colores porque no es el sol sino los pensamientos.

Ahí dentro es que está frío y llueve y hay luz si es de noche y nada existe pero todo es, y todo se convierte en agua, pues por algo es que hay plumas y escamas y todo es viento y todo tierra, barro, elementos. Vida y muerte antes de siquiera abrir los ojos.

Vida y muerte antes de que corten el cordón umbilical que es, al fin y al cabo, la única víscera que existe para tener de donde aferrarse, o qué cortar o con qué ahorcarse en el suicidio necesario para no llegar al globo con agua y tierra y elementos todos muertos y sin sol en la noche.

-Fíjate, que el agujero del ombligo es lo que nos recuerda que no existimos.

-A veces siento que me vuelvo tan pequeña que quepo dentro de mi ombligo y nos hacemos amigos y nadamos lejos, allá cerca de la placenta, donde mi tía arrendaba una casa.

-Pero es un hoyo, el ombligo, es un hoyo extraño

-Me corta en dos

Quizás un día que no pueda levantarse la señora recuerde el sueño.

Quizás cuando despierte va a creer que fue un sueño.

Quizás la señora se muera al día siguiente

(Si la señora se muere el sueño no es sueño, la vida es el sueño)

“Mire, profesor, a mi se me perdió la tarea, y eso que yo escribí en clases, conversé harto, eso sería hasta ridículo negarlo. Un día hasta estudié matemáticas en su clase. Pero yo trabajé y usted hasta había leído, yo creo, mi trabajo. Pero se me perdió, y se me olvidó completa y absolutamente mandarle mi trabajo. Y yo odiaba que la clase fuera clase, y que la sala fuera la sala, y que el colegio fuera el colegio y todo eso que se odia porque hay que odiarlo, un poco, y porque hace frío, otro poco. Pero de una u otra forma encontré algo que estaba enterrado en mi cabeza y que es buen amigo mío. Hace rato que yo rayo con las realidades y lo que importa y no importa y la trascendencia y todo eso. Pero esto de escribir así, nunca jamás. De hecho le cuento que hasta dudo de entregarlo. Pero me gusta que viene de dentro, de la placenta y todo el sueño que le relaté antes, el de la niña blanca y el de la pendeja que se transforma en pájaro.

Lo que le quería decir era que perdón y que gracias.”

-De ahí lo que sueñe el profesor y lo que pase con el frío son cosas fomes y administrativas.

–El sueño de que las cosas resulten bien.

-Ese si que estoy segura que es sueño.

(Son tres niñas conversando en el patio del colegio. La niña blanca y otras dos. Deben ser chicas, porque hablan de cosas importantes)

Si la niña que es muy blanquita, esa que nació de una tripa mía cuando tengo pena, la que se parece a la Naty, si ella pudiera escuchar como conversan las personas que están afuera de la reja no podría imaginarse sus sueños. Porque las personas que están afuera hablan de cosas de afuera, no es que sean cosas muy elevadas o demasiado banales, solo que son de afuera. Y las cosas de afuera, lo que sí es seguro, es que no tienen sueños.

¿Se entiende lo del principio?

“No hay ombligos. No hay huecos reales en el mundo podrido, está claro. Pero que después no nos vengan a pedir cordura, que después no nos vengan a alegar que matamos gentes que nos pegamos que nos besuqueamos en público ni que escándalo ni que ocho cuartos. No pidan que vivamos si ni siquiera tenemos agua ¡Mírenlos! Facilito les sale la cosa. Y nosotros métale haciéndoselos más fácil aún. “

-Mejor nos ahorcamos con el cordón umbilical, el que nos roban apenas llegamos.

-¿A quien soñaste que se lo decías?

-Yo no soñé nada

-Yo fui. Pero no lo soñé, pensé que ella que va con el abrigo le iba a decir al jefe.

-Que su jefe era importante, uno de los con plata.

-¿Y se lo dijo?

-No sé, después tocaron el timbre. Tenía matemáticas.

A veces me da risa

Que pa´ lo único que estoy en la tierra

Es pa´ Mirar al cielo

Imaginar que vuelo

No es extraño querer ser pájaro. Tener escamas. La piel del tigre. Y sus garras.

No es extraño querer volar. Sumergirse en el mar. Correr.

Desaparecer del mundo es convertirse en luz. Deshacer el cuerpo al sumergirlo en agua y después sumergirse en el vientre.

-¿Te diste cuenta que todos los sueños son como de Chaplin? Mudos

- Es que es difícil poner voces, porque poner voces da risa.

-Y no queremos reírnos de lo importante.

-Además si se escuchara, la gente se daría vuelta y nos retaría.

Si retan a las niñas el juego se acaba. El juego es jugar a que en el colegio se es más libre que fuera de él.

martes, 19 de abril de 2011

Como una tormenta de arena

miércoles, 9 de febrero de 2011

☼


Qu'est ce que tu veux de moi?


Tengo algunos planes para el futuro que se van a llenar de arañas. Me la paso haciendo listas de cosas que no debo olvidar y tengo mil voces atrás de mis ojos que me dicen que olvido mucho.
En mi cuerpo hay lunares y manchas secretas, los dedos de mis pies chuecos, los ojos grandes y mis manos y pies con heridas.
Ansias y necesidad de decirlo todo. Miedo al silencio (pánico), crisis nerviosas y ataques de pánico.
Tengo una melancolía eterna. Y una bonita voz que no me sirve para cantar.


¿Qué es lo que quieres de mi?

martes, 21 de diciembre de 2010

Pajari-tus

Nadar

Yo no sé por qué lloro, pero lloro cuando escribo y cuando leo.
Yo no sé por qué tengo pena, pero tengo mucha pena cuando recuerdo.
Yo no sé por qué sueño,pero esos sueños me desarman los días.

El día más largo del año es corto, porque recuerdo que tiene noche.
Las horas nunca terminan y jamás comienzan.
No tengo voz. Y mis pies no avanzan.

Hay algo que perdí hace tiempo, una risa que desapareció, que la tierra me reclama cada día.

Quiero entender el agujero de mi cuerpo y poder mirarlo sin temblar.
No es costumbre, es amor.

Hay algo que me falta, el mar.